Un alemán en Puerto Rico, adquirirá el español como segundo idioma porque tiene la necesidad de comunicarse, está inmerso en un ambiente donde escucha y lee el español. En Francia, un niño del curso de Inglés, está aprendiendo inglés como lengua extranjera, apenas lo usa en su entorno.El idioma que aprendemos de nuestros padres, y que se habla en el país donde vivimos es nuestra lengua vernácula. Según los académicos, el verdadero bilingüe es aquel niño que adquiere dos idiomas vernáculos desde pequeño, y los utiliza ambos.
En Puerto Rico el primer idioma es el español. No se necesita hablar inglés para desempeñarte en tu diario vivir. Muchos puertorriqueños que emigran a Estados Unidos, se adaptan mejor que otros hispanohablantes, porque pasivamente adquirieron el inglés, aunque no lo hablaban.
Un nuevo proyecto del Departamento de Educación, pretende que en diez años el cien por ciento de nuestros niños sean completamente bilingües. La pregunta es ¿en qué se diferencia este proyecto de los anteriores, y por qué debemos creer que este sí logrará la meta?
Mayte Elena Vázquez Nolasco, maestra Inglés elemental y secundaria
MA Teaching as a Second Language, MA en Administración y Supervisión de la Universidad del Turabo
El pasado 24 de abril de 2012 en su último mensaje a la Legislatura, el gobernador Luis Fortuño anunció que se tomarían medidas para una mayor implantación del inglés en las escuelas. Por tal razón, en agosto 31 escuelas del sistema público iniciarán con el programa.
Este proyecto pretende “resolver” la realidad generalizada de que muchos de nuestros estudiantes, luego de estar entre 13 y 14 años expuestos a la enseñanza del inglés como segundo idioma, se gradúan sin el dominio esperado. La pregunta obligatoria sería ¿por qué esto sucede?
Aparentemente, el Gobierno cree que 60 minutos diarios no son suficientes para aprender inglés, y que hay que exponerlos más tiempo al idioma para que lo aprendan.
Pero no es tan sencillo, porque esa no es la única razón por la cual nuestros estudiantes no dominan ese idioma. Más que la cantidad de tiempo, es una cuestión de necesidad. Hay que reconocer que cuando nuestros estudiantes salen del salón de Inglés, no se encuentran en situaciones en las cuales necesiten utilizar ese idioma.
Como maestra de Inglés, estoy muy consciente de la importancia y las ventajas de ser bilingüe. En un mundo globalizado y en el cual muchos empleos exigen el dominio de ambos idiomas, debemos inculcar en nuestros estudiantes el valor de aprender inglés.
Mientras laboré en una escuela bilingüe, pude ver su efectividad en mis estudiantes, y estoy de acuerdo con la implantación de un proyecto bilingüe siempre y cuando se haga de la manera y por las razones correctas.
Primero, es imperativo que en un proyecto bilingüe, se dé prioridad a afianzar en el niño su primer idioma. En los últimos años, las Pruebas Puertorriqueñas de Aprovechamiento Académico (PPAA), han reflejado deficiencias de muchos estudiantes en Español, pero no se han tomado medidas para atender este problema.
Uno se pregunta, cómo enseñar un segundo idioma cuando ni siquiera tienen dominio pleno del español. El no prestar atención a este asunto, pone en riesgo de que manejen ambos idiomas en forma deficiente.
Por otro lado, un proyecto bilingüe requiere que los maestros que impartirán sus materias en inglés tengan una preparación académica para tales fines, ya que no es lo mismo saber hablarlo que enseñar Ciencia en inglés.
Durante este verano, los maestros de las escuelas donde comenzará el programa han debido completar 18 créditos de certificación en enseñanza bilingüe, para continuar laborando en sus escuelas. En cualquier universidad de Puerto Rico, permiten tomar solo 6 créditos en verano.
Por otro lado, aunque algunos maestros puedan “defenderse” con el inglés, muchos de nuestros maestros carecen de la fluidez para modelarlo, situación que no se resuelve tan fácilmente.
Estudios científicos fundamentados en neurociencia establecen que la niñez temprana es la mejor época para aprender un segundo idioma. Por consiguiente, no es que los maestros no tengan la capacidad o el deseo de aprender, simplemente es más difícil y conlleva más tiempo.
Finalmente, debemos cuestionarnos si el Departamento de Educación tendrá capacidad presupuestaria y eficiencia para afrontar este proyecto.
Hace unos años, el Programa de Inglés del DE no tenía dinero para libros. Si entonces no había dinero para comprar libros de Inglés, ¿lo habrá ahora para cambiar todos los libros de Ciencias y Matemáticas? ¿Estarán disponibles desde el primer día de clases? Espero que no pretendan que el maestro enseñe Ciencias y Matemáticas en inglés usando libros en español.
Otro asunto importante es el rol de los padres dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje. Cabe preguntarnos si podrán los padres continuar involucrándose en el proceso si no son bilingües? ¿Proveerá el Departamento herramientas a esos padres para que puedan ayudar a sus hijos?
Aunque el proyecto esté diseñado para completarse en un período de diez años, tenemos que preocuparnos por la calidad de enseñanza que recibirán los estudiantes de esas 31 escuelas en agosto. Dejemos de utilizar el asunto de aprender inglés para adelantar agendas políticas, enseñemos el inglés con la intención genuina de que tengamos ciudadanos mejor preparados para que nuestro país se desarrolle económica y socialmente.
Yesenia Concepción Meléndez, maestra Inglés elemental y secundaria
MA Administración Pública en la Universidad del Turabo
Nunca he vivido, estudiado o trabajado en los Estados Unidos pero aun así domino el inglés y desde hace once años lo enseño en la escuela elemental pública.
Creo firmemente en la enseñanza y la capacidad de aprender inglés u otro idioma, y en que podemos formar ciudadanos bilingües capaces de alcanzar posiciones en el mundo laboral sin estar limitados por el lenguaje.
Sin embargo, nuestra historia ha estado maniatada por procesos e intereses políticos que han minado el enfoque adecuado hacia la formación de una sociedad bilingüe.
Nuestra educación cultural ha sido propulsada por el precepto de que el idioma es el que determina cuán puertorriqueños somos, lo que ha desarrollado una actitud negativa y de alguna forma anti-asimilista.
Lo que no nos han enseñado es que el aprendizaje en sí es la llave de las puertas al éxito. El aprender expande el horizonte de nuestras posibilidades, y permite explorar otras culturas, ofreciéndonos la oportunidad de cuestionar lo que se nos dice y formar un criterio propio.
En Puerto Rico sólo doce de las 1,472 escuelas de la isla ofrecen un programa de enseñanza en inglés y con una nueva propuesta se añadirán 35 con un currículo en español e inglés y unas 31 en educación bilingüe a partir del año escolar 2012-2013. Este proyecto, en teoría, promete a los estudiantes la oportunidad de estar inmersos en un currículo que ofrecerá en algunos casos la educación de todas las materias en inglés con excepción del español y en otras el inglés se enseñará en tiempo lectivo de más de sesenta minutos como se establece ahora.
Todo proyecto debe tener un proceso de estudio donde se establezcan las necesidades y prioridades. Debe existir un plan de acción, evolución y sobre todo, tiempo para el análisis de todos los componentes. En este caso y como en ocasiones anteriores, este proyecto ha sido traído por los pelos para cumplir con intereses ulteriores y en el que no se ha dado el espacio para establecer prioridades.
Los maestros “bilingües” han sido capacitados durante este verano a lo fast food sin tener el espacio para analizar su desempeño. Esto puede poner en duda la calidad de la preparación versus el tiempo dedicado. Tampoco se garantiza la calidad y la profundidad de la enseñanza de las Ciencias y Matemáticas en inglés.
La realidad del problema está en la falta de un mapa curricular que, combinado con los estándares y expectativas, normalice y regule la enseñanza. Además, hay una falta de conocimiento sobre la diferencia entre la inmersión (el estar dentro de un ambiente donde predomina el idioma inglés), la enseñanza del inglés como idioma extranjero y la enseñanza del inglés como segundo idioma.
Ante la carencia de un escenario real donde se necesite usar el inglés, sería meritorio que se enseñe combinado con un laboratorio donde el estudiante pueda poner en práctica lo aprendido y que se haga pertinente.
Este proyecto se ha propuesto en un tiempo demasiado apresurado y a espaldas de la ciudadanía, basado en el lema de que aprender inglés es beneficioso para todos, sin considerar que los proyectos se llevan por etapas.
Lamentablemente, tampoco se le consultó a los educadores. Podemos ser bilingües o políglotas, siempre y cuando se lleve a cabo un proceso adecuado. Pero estos intentos desproporcionados y sin estructura fomentan la apatía hacia la adquisición del inglés. Por consiguiente, es necesario desarrollar un sentimiento o actitud colectiva que pondere que el aprender inglés no nos hace ni más ni menos puertorriqueños.